Este verano he tenido la oportunidad de visitar Toledo. Fue una visita rápida, llegué por la noche y después de comer al día siguiente me volvía, pero pude descubrir muchos de sus rincones.
Para conocer un poquito más Toledo vamos a conocer su historia.

La ciudad de Toledo, declarada Patrimonio de la Humanidad
por la UNESCO en 1986, está enclavada en un promontorio rocoso rodeado por el
río Tajo en pleno centro de España, a escasos 70 kilómetros de la capital,
Madrid.

Considerada por muchos como una Segunda Roma, Toledo no
deja de ser una ciudad única. Única en sus detalles, su historia, su cultura y
su encanto. Las tres culturas de las tres religiones monoteístas -la musulmana,
la hebrea y la cristiana- dejaron su huella en esta peñascosa pesadumbre y cuna
de civilizaciones -como decía Cervantes- abrazada el Tajo, testigo de la impronta
de todos los pueblos de la Península Ibérica.
A lo largo de los siglos, la capital de Castilla-La Mancha ha sabido conservar
un patrimonio arquitectónico, artístico y urbano milenario e inigualable.
Iglesias, sinagogas, mezquitas, conventos, murallas, puentes, torreones y un
sinfín de combinaciones culturales y artísticas que guardan sus edificios hacen
de Toledo un museo al descubierto singular.

Perderse entre sus estrechas callejuelas, plazas y
jardines convierten su visita en una experiencia sin comparación. Hecha para
caminar por sus largas cuestas y mirar sobre su horizonte, sobre Toledo se
levantan un buen número de monumentos, rodeados de inolvidables rincones y
espacios que despiertan sensaciones a ojos de quienes la visitan y de quienes tienen
la suerte de vivir en ella.
Toledo es una ciudad donde las prisas se quedan fuera. Sus habitantes te desprenden una tranquilidad que hace que disfrutes aún más de tus vacaciones. Un lugar que se adapta al turismo sin perder sus costumbres. 
El mayor problema que hemos encontrado en Toledo es el aparcamiento. Dentro de las murallas la mayoría de la zona de aparcamiento es para residentes. Encuentras alguna plaza de zona azul, pero debido a que fui en agosto, estaba bastante lleno. Antes de entrar por sus puertas, junto a la estación de autobuses, hay una gran explanada para aparcar de forma gratuita. Y sino, dentro de sus callejuelas, encontramos diversos parking a un precio razonable. 
Es una ciudad para andar ya que sus calles son estrechas y algunas no son aptas para vehículos. 
Los hostales que encontramos son muy típicos del lugar, conservando su estética. Adaptados a los nuevos tiempos pero haciendo que sus huéspedes se sientan en otro lugar. 
Como punto imprescindible de todas las ciudades es la gastronomía. Podemos encontrar comida típica árabe, cristiana, de pueblos del interior pero sobre todo, lo más típico son sus dulces, paté y sus bebidas. Los dulces de las monjas son una delicia para todos los turistas. Nos pegamos el capricho de comprar el típico paté de perdiz. En cuanto lo pruebe os lo digo. 
Os recomiendo Toledo como ciudad cultural para evadirse del bullicio de la gran ciudad.